Terminó la campaña electoral. Las discusiones sobre los resultados, los escrutinios y las controversias políticas poco a poco darán paso a otro momento: el de gobernar. Y mientras muchos sectores esperan los anuncios sobre economía, seguridad o salud, el mundo de la cultura comienza a hacerse una pregunta cargada de incertidumbre:
¿Y ahora qué?
Durante los últimos años, el sector cultural experimentó un cambio importante en la manera como el Estado entendió su papel. El Ministerio de las Culturas amplió programas dirigidos a procesos comunitarios, fortaleció convocatorias públicas, incrementó su planta de personal, impulsó estrategias de circulación internacional para artistas colombianos, promovió una agenda de gobernanza cultural y abrió el debate sobre una nueva Ley General de Cultura. Más allá de las opiniones que cada uno pueda tener sobre los resultados de estas políticas, es innegable que existió una apuesta por ampliar la presencia del Estado en el sector cultural.
Ahora el panorama parece orientarse hacia otra visión.
Las propuestas conocidas durante la campaña apuntan a una mayor participación de la inversión privada, al fortalecimiento de incentivos tributarios y a una lógica en la que los proyectos culturales deberán demostrar con mayor claridad su sostenibilidad económica. No es una discusión nueva. Es, en buena medida, el regreso de una visión cercana a la llamada Economía Naranja, que entiende la cultura también como un motor de crecimiento económico, emprendimiento e industrias creativas.
El problema surge cuando esa mirada se convierte en el único criterio para definir qué merece apoyo.
La cultura no está conformada únicamente por proyectos que venden entradas, exportan contenidos o generan utilidades. También la integran bibliotecas populares, escuelas de música rurales, colectivos de teatro comunitario, procesos de memoria histórica, laboratorios de creación, grupos indígenas, afrodescendientes y campesinos, así como cientos de iniciativas que difícilmente pueden presentar balances financieros positivos, pero cuya contribución social resulta invaluable.
Ese fue precisamente uno de los principales argumentos expuestos por el exministro Juan David Correa en sus recientes intervenciones públicas. Para él, considerar las convocatorias públicas como una forma de "mendicidad" desconoce que esos recursos pertenecen a toda la ciudadanía y constituyen un mecanismo democrático para distribuir la inversión pública en cultura. Su preocupación es que, si el respaldo estatal termina condicionado casi exclusivamente por la rentabilidad económica o el interés de inversionistas privados, numerosos procesos culturales quedarían sin posibilidades de sostenerse.
No se trata de descalificar la inversión privada. Colombia ha construido herramientas importantes, como los beneficios tributarios para quienes apoyan proyectos culturales y mecanismos como Cocrea, que han permitido movilizar recursos adicionales hacia el sector. La pregunta es si esos instrumentos deben complementar la inversión pública o sustituirla.
La diferencia es enorme.
Cuando el mercado decide por sí solo qué proyectos sobreviven, es probable que reciban mayor respaldo aquellas iniciativas con posibilidades comerciales inmediatas. En cambio, expresiones fundamentales para la memoria, el patrimonio, la formación artística o la diversidad cultural podrían quedar relegadas porque sus beneficios no se reflejan en indicadores financieros, sino en cohesión social, identidad y participación ciudadana.
También existe incertidumbre sobre otros avances impulsados en los últimos años. Queda por ver cuál será el futuro de la propuesta de una nueva Ley General de Cultura, del fortalecimiento del Sistema Nacional de Cultura y de los espacios de gobernanza cultural que buscaban ampliar la participación de artistas, gestores y organizaciones en la formulación de políticas públicas. Del mismo modo, habrá que observar si continúan programas orientados a la movilidad internacional de artistas, el fortalecimiento de redes comunitarias y el incremento gradual de la capacidad institucional del Ministerio.
Naturalmente, todo gobierno tiene el derecho de imprimir su propio sello a la política pública. Esa es una consecuencia normal de la alternancia democrática. Sin embargo, en cultura existe un riesgo particular: los procesos no producen resultados de un año para otro. Una escuela artística, una biblioteca, un grupo de teatro comunitario o un proyecto de patrimonio requieren continuidad. Cuando las políticas cambian radicalmente con cada administración, quienes más sufren no son las instituciones, sino los procesos culturales construidos durante décadas.
Quizá la pregunta más importante no sea si regresará la Economía Naranja o si continuará el modelo impulsado en los últimos años. La verdadera cuestión es si Colombia será capaz de construir una política cultural que combine desarrollo económico con garantía de derechos, inversión privada con responsabilidad pública, emprendimiento con protección del patrimonio y rentabilidad con inclusión social.
Porque la cultura también genera empleo, innovación y riqueza. Pero reducirla únicamente a su capacidad de producir ingresos sería desconocer su función más profunda: fortalecer la memoria colectiva, la creatividad, la diversidad y el tejido social de una nación.
Entonces volvemos a la pregunta inicial.
¿Y ahora qué?
Ahora corresponde al sector cultural mantenerse unido, participar en el debate público y defender aquello que considera esencial. Corresponde evaluar con objetividad qué políticas deben mantenerse, cuáles necesitan corregirse y cuáles pueden transformarse sin sacrificar los derechos culturales conquistados.
Los gobiernos cambian. Las prioridades también.
Pero la cultura no debería empezar de cero cada cuatro años.
Porque un país que interrumpe permanentemente sus procesos culturales termina debilitando una de las bases más sólidas de su democracia: la capacidad de reconocerse a sí mismo a través de su memoria, sus saberes y sus expresiones artísticas.
Por: Luz Marina Gómez Fries
Consejera de Artes Plásticas y Visuales
Consejo Distrital de Cultura de Santiago de Cali
Voces y Miradas sobre las Artes Plásticas y Visuales en Cali
https://luzdelmarconsejeradecultura.blogspot.com/
Asociación de Artistas Plásticos Creativos de Cali
junio 27, 2026




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