viernes, 12 de junio de 2026

¿Censura al muralismo en Cali? Un diálogo necesario sobre arte, memoria y ciudad

 

Carta a l@s artistas, colectivos, gestores culturales, investigadores, docentes, estudiantes y demás integrantes del sector de Artes Plásticas y Visuales de Santiago de Cali.

Reciban un cordial saludo.

Les invitamos a reservar en sus agendas la tarde del jueves 18 de junio de 2026, fecha en la que se realizará el encuentro académico ¿Censura al muralismo en Cali? Gobernanza, veeduría ciudadana, participación ciudadana y control social, un espacio de reflexión derivado del Simposio Pensar la Ciudad que busca propiciar el diálogo entre artistas, muralistas, gestores culturales, academia, observatorios ciudadanos e instituciones sobre los desafíos actuales del arte público, el muralismo, los derechos culturales y la participación ciudadana en Cali.

viernes, 29 de mayo de 2026

Arte urbano, memoria y disputa por el espacio público en Cali


Por estos días, el debate sobre los murales en Santiago de Cali ha dejado de ser únicamente una discusión sobre pintura en paredes. Lo que realmente está en disputa es algo más profundo: quién tiene derecho a narrar la ciudad y qué voces pueden permanecer visibles en el espacio público.

Las ciudades hablan. Hablan a través de sus plazas, de sus monumentos, de sus edificios y también de sus muros. En Cali, durante décadas, las paredes se convirtieron en una especie de archivo popular donde quedaron registradas memorias barriales, denuncias sociales, homenajes a víctimas, expresiones juveniles y relatos que muchas veces no encontraron lugar en los discursos oficiales.

Por eso, cuando un mural desaparece cubierto de gris, no solamente se borra una imagen. También se interrumpe una conversación colectiva sobre la ciudad que somos y la ciudad que queremos ser.

El arte urbano en Cali nunca ha surgido desde la comodidad institucional. Ha nacido principalmente desde los barrios, desde procesos autogestionados y desde jóvenes que encontraron en el aerosol, el color y la imagen una forma de existir públicamente en medio de profundas desigualdades sociales. Muchos muralistas trabajan en condiciones económicas precarias, financiando materiales con esfuerzos propios o con pequeños apoyos comunitarios. Aun así, continúan creando porque entienden el arte como una forma de memoria y de presencia.

En los últimos meses, la discusión alrededor de las sanciones y restricciones a los murales ha abierto otro debate menos visible pero igualmente importante: el de quién decide qué expresiones artísticas son aceptables en el espacio público.

La existencia de mecanismos de regulación urbana no es, en sí misma, el problema. Toda ciudad necesita normas de convivencia y acuerdos colectivos sobre el uso de sus espacios comunes. La pregunta aparece cuando esos mecanismos terminan concentrando las decisiones culturales en sectores institucionales y administrativos, mientras las voces independientes, comunitarias o críticas tienen una participación limitada dentro de esos procesos.

El debate alrededor del Comité de Arte Público ha puesto precisamente esa discusión sobre la mesa. Diversos sectores culturales han cuestionado si la composición actual de estas instancias representa realmente la diversidad artística y social de Cali o si, por el contrario, responde principalmente a visiones institucionales, empresariales y políticas sobre cómo debe verse la ciudad.

Y allí aparece un tema de fondo: el arte público no es neutral. Nunca lo ha sido.

Toda ciudad construye una narrativa visual sobre sí misma. Algunas memorias se exaltan, otras se invisibilizan. Algunos discursos son considerados “orden”, mientras otros son señalados como “molestos”, “incómodos” o “inapropiados”. En esa disputa simbólica, los murales suelen ocupar un lugar incómodo porque permiten que sectores populares, jóvenes y colectivos sociales intervengan directamente el paisaje urbano sin pasar necesariamente por los filtros tradicionales del poder cultural.

Quizás por eso el muralismo genera tantas tensiones. Porque rompe la idea de que la ciudad solamente puede ser diseñada desde arriba. Los muros intervenidos recuerdan que también existe una ciudadanía que piensa, critica, denuncia y crea desde abajo.

En una ciudad atravesada históricamente por violencias, desigualdades y exclusiones, el arte urbano ha cumplido además una función profundamente humana: transformar el dolor en imagen y convertir la memoria en algo visible. Muchos murales en Cali no nacieron para decorar. Nacieron para recordar.

Recordar líderes asesinados. Recordar víctimas. Recordar luchas sociales. Recordar comunidades históricamente silenciadas.

Por eso preocupa que el debate actual termine reduciendo toda expresión muralista a una discusión meramente policiva o administrativa. Cuando el arte público se analiza únicamente desde la lógica del control y la sanción, se pierde de vista su dimensión cultural, simbólica y democrática.

Las grandes ciudades del mundo han entendido que el arte urbano también puede ser patrimonio vivo, identidad contemporánea y participación ciudadana. No porque todo deba permitirse sin discusión, sino porque las ciudades democráticas necesitan espacios donde la ciudadanía pueda expresarse incluso de manera incómoda o crítica.

Cali enfrenta hoy una discusión que va mucho más allá de los permisos o las multas. Lo que está en juego es el modelo cultural de ciudad que queremos construir: una ciudad donde el espacio público sea únicamente un territorio controlado desde la institucionalidad o una ciudad donde también exista lugar para las memorias populares, las voces juveniles y las expresiones artísticas nacidas desde la comunidad.

Al final, los muros terminan revelando algo esencial: una ciudad no se define solamente por aquello que decide mostrar, sino también por aquello que decide borrar.


Declaración del Consejo Distrital de Cultura en defensa del arte urbano:


Declaración pública — páginas 2 y 3:




martes, 26 de mayo de 2026

El Consejo de Cultura en el Simposio Pensar la Cultura de Cali 2026

 

El pasado sábado 23 de mayo de 2026, en la Universidad Santiago de Cali, se realizó el simposio “Pensar la Cultura de la Ciudad de Cali”, un espacio de reflexión y diálogo ciudadano coordinado por el gestor cultural Roberto Robles, donde participaron artistas, gestores, investigadores, representantes comunitarios y consejeros de cultura.

Durante la jornada se desarrollaron importantes debates alrededor de la gobernanza cultural, la participación ciudadana, la transparencia institucional y los desafíos actuales del sector cultural caleño.

Desde mi participación como integrante del Consejo Distrital de Cultura de Santiago de Cali, presenté parte del informe “Procesos y Acciones del Consejo Distrital de Cultura 2024–2026”, compartiendo algunas de las principales acciones y reflexiones desarrolladas por el Consejo en temas relacionados con participación cultural, memoria territorial, políticas públicas y fortalecimiento institucional.

Transparencia y control ciudadano

Uno de los temas que generó mayor reflexión estuvo relacionado con la necesidad de fortalecer los mecanismos de transparencia y acceso a la información pública dentro de las políticas culturales.

Durante el encuentro se comentó el reciente fallo judicial emitido por el Juzgado Once Civil Municipal de Oralidad de Cali, mediante el cual se concedió una tutela relacionada con la entrega de información sobre los jurados evaluadores del Festival Internacional de Teatro de Cali 2026.

El caso fue analizado como ejemplo de la importancia del control ciudadano, la transparencia institucional y las garantías democráticas en procesos culturales financiados con recursos públicos.


Gobernanza cultural y participación democrática

Otro de los ejes centrales del simposio fue el debate sobre gobernanza cultural y representación ciudadana.

En las discusiones surgieron preocupaciones frente a la participación democrática dentro de la Institución Universitaria de las Artes y las Culturas Populares – IUIPC, especialmente alrededor de la inclusión de estudiantes, egresados y docentes dentro de distintos espacios de representación y toma de decisiones.

Asimismo, se debatieron inquietudes frente a algunos mecanismos de designación de consejeros regionales y nacionales por parte del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. Varios participantes señalaron la necesidad de fortalecer procesos más abiertos, participativos y transparentes, especialmente ante las discusiones actuales sobre la reforma a la Ley General de Cultura.

También se plantearon cuestionamientos relacionados con el programa Cultores Cali, particularmente frente a la falta de representación de personas de categoría B en algunos subsectores culturales, como recientemente ocurrió en artes plásticas y visuales.

Otro de los puntos discutidos fue la limitada participación del Consejo Distrital de Cultura dentro de algunos espacios institucionales de ciudad. Consejeros manifestaron preocupación por no haber sido invitados a recientes ejercicios de rendición de cuentas de la Secretaría de Cultura de Cali y señalaron que, en ocasiones anteriores, no se ha permitido realizar preguntas públicas ni socializar adecuadamente ante la ciudadanía el trabajo desarrollado por los consejeros culturales.

Exclusión de los territorios rurales

Durante la jornada también intervino la consejera rural Olga Morales, quien expresó preocupaciones frente a la situación de exclusión que enfrentan actualmente los corregimientos y territorios rurales dentro de los procesos culturales de ciudad.

La consejera señaló que las comunidades rurales continúan teniendo una participación limitada dentro de la agenda institucional y manifestó la necesidad de construir políticas culturales más descentralizadas y conectadas con las realidades territoriales de Cali.

Hacia una Mesa de Gobernanza Cultural

Uno de los momentos más relevantes del encuentro ocurrió durante la intervención del maestro Luis Fernando Taseche, quien propuso avanzar hacia una Mesa de Gobernanza Cultural con mayor autonomía e incidencia dentro de las decisiones públicas relacionadas con cultura.

La propuesta abrió una reflexión sobre la necesidad de fortalecer mecanismos de participación más vinculantes, donde el Consejo Distrital de Cultura pueda tener una mayor capacidad de incidencia dentro de las políticas culturales de la ciudad.

Estas discusiones coinciden con los debates nacionales sobre Gobernanza Cultural para la Paz y nuevas formas de participación ciudadana impulsadas desde distintos territorios del país.


Cultura, memoria y participación

El simposio permitió evidenciar que Cali atraviesa un momento de profundas discusiones sobre democracia cultural, representación ciudadana y fortalecimiento territorial.

Más allá de las diferencias institucionales, la jornada dejó claro que existe un interés creciente por fortalecer espacios de diálogo, pensamiento crítico y construcción colectiva alrededor de la cultura y el futuro de la ciudad.


Por: Luz Marina Gómez Fries

Consejera de Artes Plásticas y Visuales

Consejo Distrital de Cultura de Santiago de Cali

Voces y Miradas sobre las Artes Plásticas y Visuales en Cali

https://luzdelmarconsejeradecultura.blogspot.com/

Asociación de Artistas Plásticos Creativos de Cali



viernes, 22 de mayo de 2026

Cali y la posible construcción de una Mesa de Gobernanza Cultural

 

En los últimos años, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes ha comenzado a impulsar en Colombia una transformación importante en la manera de entender la participación cultural, la relación entre ciudadanía e institucionalidad y el papel de los territorios dentro de las políticas públicas culturales. En ese contexto, Cali aparece hoy como uno de los escenarios más relevantes para el desarrollo de una futura Mesa de Gobernanza Cultural con alcance territorial y regional.

Aunque todavía no existe un documento oficial definitivo que formalice una Mesa de Gobernanza Cultural específica para Cali, distintos procesos nacionales impulsados por el Ministerio muestran que la ciudad ya está siendo concebida como un nodo estratégico dentro de una nueva política cultural orientada hacia la participación comunitaria, la gobernanza territorial y la construcción de paz.

Durante el actual gobierno de Gustavo Petro, el Ministerio ha comenzado a mover el enfoque cultural más allá de la lógica tradicional centrada únicamente en eventos, circulación artística o convocatorias. La nueva visión incorpora conceptos como gobernanza cultural, derechos culturales, territorialización, participación incidente, memoria, culturas populares y construcción democrática desde los territorios. Estas líneas quedaron reflejadas dentro del nuevo Plan Nacional de Cultura 2024–2038, que plantea la necesidad de fortalecer modelos de gobernanza y sostenibilidad cultural desde las regiones.

Uno de los antecedentes más importantes de esta estrategia es la creación del programa “Gobernanza Cultural para la Paz”, impulsado por el Ministerio desde 2023. Esta estrategia comenzó a desplegar asesores territoriales en diferentes regiones del país con el objetivo de fortalecer procesos culturales comunitarios, acompañar Consejos de Cultura, promover espacios de concertación territorial y generar nuevas metodologías de articulación entre ciudadanía e institucionalidad. Cali fue incluida desde el inicio dentro de las ciudades priorizadas para la desconcentración regional del Ministerio.

A partir de allí comenzaron a desarrollarse distintas iniciativas nacionales que han tenido a Cali como escenario principal. Uno de los hechos más significativos fue la realización del Congreso Internacional de Gobernanza Cultural para la Paz: “Voces Trenzando Territorios”, desarrollado en la ciudad en noviembre de 2025. Este encuentro reunió a más de 600 representantes de organizaciones comunitarias, redes culturales, universidades, instituciones públicas y procesos territoriales de distintas regiones del país.

El Congreso no fue solamente un evento académico o cultural. Su propósito fue consolidar la Red Nacional de Gobernanza Cultural para la Paz y abrir debates sobre democracia cultural, participación ciudadana y nuevas formas de construcción colectiva de políticas culturales. Allí se habló de fortalecer redes comunitarias, impulsar mecanismos de incidencia territorial y construir una gobernanza cultural basada en las voces de las comunidades y no únicamente en decisiones centralizadas desde Bogotá.

Paralelamente, el Ministerio comenzó a desarrollar las Escuelas Populares Sociopolíticas “Trenzando Territorios”, una estrategia de formación y articulación territorial orientada a fortalecer capacidades organizativas, liderazgo comunitario y participación cultural. Cali fue nuevamente escogida como uno de los nodos nacionales presenciales de este proceso, junto a territorios como Tumaco, Condoto y Santander de Quilichao. Esto refuerza la idea de que la ciudad ocupa un lugar central dentro de la nueva arquitectura territorial que el Ministerio busca construir en el Pacífico colombiano.

La importancia de Cali dentro de estas apuestas no parece casual. La ciudad reúne múltiples características que la convierten en un territorio estratégico: una enorme diversidad cultural y étnica, una fuerte tradición organizativa comunitaria, una intensa producción artística popular y una historia reciente marcada por procesos de movilización social, participación juvenil y construcción de memoria colectiva.

Además, el Ministerio ha venido utilizando Cali como sede de espacios relacionados con memorias, reparación simbólica y diálogo territorial. Un ejemplo de ello fue el Encuentro por las Memorias, la Dignidad y la Esperanza, impulsado en 2025 para reunir comunidades afectadas por el conflicto armado y fortalecer el papel del patrimonio cultural en los procesos de paz y reparación.

En este escenario, la posible creación de una Mesa de Gobernanza Cultural en Cali podría convertirse en un espacio permanente de articulación entre distintos actores culturales y sociales de la ciudad y del Pacífico. Aunque aún no se conocen oficialmente sus mecanismos definitivos de funcionamiento, los lineamientos actuales permiten imaginar una estructura amplia y participativa.

Probablemente participarían el Consejo Distrital de Cultura de Santiago de Cali, organizaciones culturales comunitarias, mesas sectoriales de artes, colectivos juveniles, representantes de comunas y corregimientos, procesos afrodescendientes e indígenas, universidades, redes culturales, medios comunitarios, gestores culturales, artistas independientes y entidades públicas culturales. La lógica de estas mesas no parece orientarse únicamente a realizar consultas simbólicas, sino a construir espacios permanentes de diálogo, incidencia y concertación territorial.

La noción de “participación incidente” aparece como uno de los conceptos centrales dentro de toda esta estrategia nacional. El Ministerio ha insistido en que las comunidades culturales no deben limitarse a ser beneficiarias de programas o convocatorias, sino que deben convertirse en actores activos dentro de la formulación de políticas públicas, diagnósticos territoriales y mecanismos de transformación institucional.

También es importante observar que esta apuesta no se limita únicamente al sector artístico. La idea de gobernanza cultural que hoy impulsa el Ministerio conecta cultura con democracia, memoria, paz, justicia territorial y derechos colectivos. Por eso, muchas de estas iniciativas involucran organizaciones sociales, comunidades étnicas, sectores populares y procesos comunitarios de base.

En varios territorios del país ya han comenzado a instalarse mesas de gobernanza específicas para sectores comunitarios y territoriales. Un ejemplo reciente fue la instalación de la Mesa de Gobernanza de Pescadores Artesanales del Río Catatumbo, promovida por el Ministerio como un espacio permanente de concertación y construcción de paz territorial desde la cultura y los saberes comunitarios. Esto muestra que el modelo de gobernanza cultural ya está comenzando a tomar forma práctica en distintas regiones de Colombia.

Todo indica que Cali podría convertirse en uno de los laboratorios principales de esta nueva política cultural nacional. Más que un simple escenario administrativo, la ciudad parece estar siendo proyectada como un territorio de experimentación democrática donde la cultura funcione como eje de articulación entre ciudadanía, memoria, diversidad territorial y construcción de futuro.


Por: Luz Marina Gómez Fries

Consejera de Artes Plásticas y Visuales

Consejo Distrital de Cultura de Santiago de Cali

Voces y Miradas sobre las Artes Plásticas y Visuales en Cali

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Asociación de Artistas Plásticos Creativos de Cali

miércoles, 13 de mayo de 2026

Aprendizajes sobre Arte, Ciudadanía y Transformación Social con OEI

Hola, hoy quiero contarles sobre una experiencia formativa que me permitió comprender con mayor profundidad el papel del arte dentro de los procesos educativos, culturales y sociales en América Latina. Se trata de la Especialización en Educación Artística, Cultura y Ciudadanía, cursada en 2017 y ofrecida por la Organización de Estados Iberoamericanos.

viernes, 1 de mayo de 2026

Día del Trabajo en el Pacífico creando resistiendo y construyendo cultura en un momento decisivo


Hoy, en el Día del Trabajo, el saludo va con especial fuerza a la región Pacífico colombiano, a sus creadoras y creadores, gestoras y gestores culturales, sabedoras ancestrales, músicos, bailarines, artesanos, artistas visuales y a todas las personas que, desde distintos oficios, sostienen la vida cultural de nuestros territorios.

El trabajo cultural en el Pacífico no es solo una labor, es una forma de resistencia, de memoria y de futuro. Es el latido de los tambores que narran la historia, la palabra oral que transmite saberes, la danza que afirma identidad y el arte que transforma realidades. En cada barrio, vereda y municipio hay trabajadores de la cultura que, muchas veces en condiciones difíciles, siguen apostándole a la dignidad y al sentido colectivo.

Este Día del Trabajo llega en una coyuntura crucial para el país. El tránsito de la Ley 630 de 2025 del Senado a la Cámara no es un simple procedimiento legislativo, es un punto de inflexión para el sector cultural colombiano. Y en ese contexto, el saludo no puede quedarse solo en el reconocimiento: debe convertirse en acción, en incidencia y en propuesta.

Porque hoy, más que nunca, el trabajo cultural también es un trabajo político en el mejor sentido de la palabra. Es el ejercicio de llevar nuestras causas, requerimientos y necesidades a la ley que definirá el rumbo del sector en los próximos años.

Desde la región Pacífico ya se viene construyendo una voz colectiva. El análisis y los aportes elaborados desde los territorios, en articulación con procesos organizativos, consejeros de cultura y espacios como ANRAC, dejan ver con claridad que no partimos de cero. Existen propuestas concretas, nacidas de la experiencia real, que deben ser incorporadas en el debate legislativo.

Se reconoce que el proyecto de ley avanza en aspectos fundamentales: la inclusión, el enfoque territorial, el valor de la cultura viva comunitaria, el reconocimiento de actores culturales y el papel de la cultura en la construcción de paz. Sin embargo, también es claro que persisten problemas estructurales que no pueden ser ignorados.

Uno de los más críticos es la participación sin poder real. En los territorios, los consejos de cultura siguen siendo, en la práctica, espacios no vinculantes. Se participa, se dialoga, se propone, pero no se decide. Esta brecha entre el discurso de la gobernanza cultural y su implementación efectiva es uno de los principales puntos que el sector cultural del Pacífico exige transformar.

A esto se suma el centralismo, la desarticulación del sistema cultural y la falta de reconocimiento efectivo de las formas organizativas propias de comunidades afrodescendientes, indígenas y campesinas. No es que en los territorios falten procesos, lo que falta es poder real dentro del sistema institucional.

Por eso, en este Día del Trabajo, el llamado es claro: nuestro trabajo también es incidir en la ley.

  • Incidir para que los consejos de cultura tengan carácter vinculante y participación real en decisiones y recursos.
  • Incidir para que exista transparencia y legitimidad en los procesos de representación.
  • Incidir para que se reconozcan los saberes previos, las trayectorias y la formación no formal como parte fundamental del sector.
  • Incidir para que haya una descentralización efectiva de los recursos y una regulación justa de los modelos de intermediación.
  • Incidir para que el trabajo cultural sea digno, con garantías laborales y condiciones de sostenibilidad.
  • Y, sobre todo, incidir para que la gobernanza cultural deje de ser un concepto y se convierta en una práctica real, donde los territorios no solo participen, sino que decidan.

En este camino, los espacios de encuentro regional adquieren una importancia estratégica. No como eventos simbólicos, sino como mecanismos reales de articulación política. El Encuentro Regional Pacífico de Cultura se plantea precisamente como eso: un escenario para consolidar una postura común, construir propuestas normativas concretas y ejercer una vocería legítima en este momento clave del trámite legislativo.

El riesgo no es la falta de espacios, es la repetición de espacios sin incidencia. Por eso, el desafío es transformar el diálogo en decisión, la participación en poder y la cultura en un eje real de desarrollo territorial.

Hoy, en el Día del Trabajo, el reconocimiento es profundo. Pero también lo es la responsabilidad.

Porque trabajar en cultura en el Pacífico hoy significa crear, resistir y también proponer. Significa sostener la vida cultural, pero también disputar su lugar en la política pública. Significa honrar la memoria, pero también construir futuro con herramientas concretas.

La ley está en tránsito. La historia también.

Y el trabajo cultural del Pacífico está llamado a ser protagonista en ambos.


Por: Luz Marina Gómez Fries

Consejera de Artes Plásticas y Visuales

Consejo Distrital de Cultura de Santiago de Cali

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Asociación de Artistas Plásticos Creativos de Cali


viernes, 24 de abril de 2026

Educación artística en Cali entre comunidad, refuerzo y creación

En el panorama formativo de las Instituciones Educativas Oficiales (IEO) de Cali, han venido tomando fuerza distintas propuestas que buscan fortalecer la educación artística. Sin embargo, aunque a veces se mencionan juntas o incluso se confunden, “Mi Comunidad es mi Escuela”, las Clases Complementarias y los Centros de Interés responden a enfoques profundamente distintos.

Comprender estas diferencias no es un asunto menor: de ello depende cómo se concibe el arte en la educación —si como experiencia viva, como refuerzo académico o como desarrollo de talentos—.


La escuela que se expande al territorio

“Mi Comunidad es mi Escuela” plantea una transformación significativa: la educación no se limita al aula, sino que se expande hacia el territorio. Aquí, el arte se nutre de la vida cotidiana, de las tradiciones, de la memoria colectiva y de los saberes que habitan en los barrios.

En este enfoque, artistas, sabedores y gestores culturales se convierten en actores clave del proceso educativo. La escuela deja de ser un espacio cerrado para dialogar con su entorno, reconociendo que la cultura no solo se enseña, sino que se vive.

Más que una asignatura, el arte se entiende como una experiencia social que fortalece la identidad, la participación y el sentido de pertenencia.


El arte como refuerzo: las clases complementarias

Por otro lado, las Clases Complementarias se ubican en un terreno más tradicional. Su objetivo principal es reforzar o ampliar los contenidos del currículo escolar mediante actividades adicionales, generalmente en horarios extracurriculares.

Aunque pueden incluir componentes artísticos, no necesariamente están pensadas desde una perspectiva cultural o territorial. Su estructura suele ser más rígida, con contenidos definidos y una lógica de apoyo académico.

En este caso, el arte puede quedar reducido a una actividad más dentro de la oferta educativa, sin alcanzar todo su potencial como herramienta de transformación social.


Espacios para descubrir y profundizar: los centros de interés

Los Centros de Interés abren una tercera vía. Aquí, el punto de partida son los gustos y motivaciones de los estudiantes. Se trata de espacios donde pueden explorar disciplinas específicas como música, danza, teatro o artes plásticas, con mayor profundidad.

Este enfoque favorece metodologías más flexibles y creativas, permitiendo que cada estudiante desarrolle habilidades particulares. No se trata solo de aprender, sino de descubrir vocaciones y potenciar talentos.

A diferencia de las clases complementarias, los centros de interés no buscan reforzar contenidos, sino generar procesos más especializados y significativos.


Tres visiones, tres apuestas

Aunque las tres propuestas pueden coexistir, sus diferencias son claras:

  • “Mi Comunidad es mi Escuela” propone una educación artística conectada con la vida y el territorio.
  • Las Clases Complementarias responden a una lógica de refuerzo académico.
  • Los Centros de Interés apuestan por el desarrollo de talentos y la exploración creativa.


Una reflexión necesaria

En el contexto de Cali, donde el arte y la cultura tienen una riqueza inmensa, la pregunta de fondo es cuál de estas apuestas logra realmente transformar la relación entre educación y cultura.

Si se busca fortalecer el ecosistema artístico local, reconocer a los creadores del territorio y construir ciudadanía cultural, propuestas como “Mi Comunidad es mi Escuela” ofrecen un horizonte más amplio.

Pero si el objetivo es profundizar en habilidades artísticas específicas, los Centros de Interés pueden jugar un papel clave.

El reto, quizás, no sea elegir una sola, sino articularlas con sentido, evitando que el arte quede reducido a un simple complemento y reconociéndolo como un eje fundamental en la formación de los estudiantes y en la construcción de ciudad.


Por: Luz Marina Gómez Fries

Consejera de Artes Plásticas y Visuales

Consejo Distrital de Cultura de Santiago de Cali

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